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El Blog De Draker

4t ESO A

Para empezar solo puedo decir una cosa muy simple. Intenso, cada vez más intenso. Este último curso, cuarto de ESO ha sido un curso con un montón de historias interesantes. Cada una más extraña que la otra, algunas de buenas, otras de malas, pero lo que más ha dominado ha sido que cada vez hemos sido más un grupo.

Al principio, no hablo de este curso, si no de cursos anteriores, dentro de la clase nos hicimos grupos de amigos, los cuales siguen vigentes, pero ya no son tan visibles a simple vista. Cada vez hemos sido más amigos unos de otros, enseñándonos, discutiendo y divirtiéndonos juntos.

Uno de los principales problemas que hemos tenido durante el año (yo no pertenezco a él) es el problema de “¿Dónde iremos a final de curso?” el cual ha dejado medio discutiendo a cuarto A y a cuarto B durante bastante tiempo. Al principio cuarto A quería ir a Londres y cuarto B quería ir a otro sitio (lo siento, tengo poca memoria) y el profesor encargado dio prioridad a la salida propuesta por cuarto B por causas económicas. Cuarto A, no quería ir allí (ahora me acuerdo, a Mallorca) por eso empezó a reunir dinero por su parte, además de ayudar alguna que otra vez a cuarto B, y también se pusieron a buscar otro lugar donde podían ir y que les gustara. Ahora se desenredo el enredo y Cuarto A va por su cuenta de viaje donde quiere con su propio dinero y cuarto B también.

Aunque hayamos tenido problemas de este tipo me enternece cuando, por ejemplo, nos hacemos una fotografía todos juntos para recordarnos en el futuro.

Ha sido un buen curso en muchas cosas pero va siendo hora de avanzar, llegar al próximo curso, a primero de Bachillerato con la meta de llegar a la universidad. Lo que es reconfortante es que haremos este camino durante dos años casi los mismos, en la clase común.

Año nuevo

Año Viejo

Me cuesta respirar. Quiero, deseo que empiece a llover para que mis lágrimas queden disimuladas entre la lluvia, pero tampoco quiero que llueva demasiado fuerte para así poder seguir aquí, solo, desahogándome en esta terraza mientras contemplo las luces de la navidad.

Solo faltan quince minutos para que sea dos mil doce y yo aquí llorando…  Soy patético… creí que ya me había acostumbrado a la soledad, pero en estas fechas es como si las espinas que se me quedaron encarnadas intentaran moverse para recordarme que están allí, allí dentro… de mi.

Me tumbo en la silla y tumbo la cabeza para ver la calle. Tres plantas más abajo hay gente andando, ancianos, jóvenes, hijos y madres pero yo solo me fijo en las parejas, cómo andan y se dan de la mano sabiendo que si en trece minutos se terminara el mundo lo terminarían con alguien a su lado.

Empiezo a tiritar, hace muchísimo frío y la chaqueta que llevo no es muy gruesa. Enderezo la cabeza y saco las manos de las mangas para llevarlas cerca de la boca y poder lanzarles un poco de aliento y así compartirlo y que no se enfríen.

De la puerta sale bastante luz, a la vez que carcajadas y voces celebrando el último día del año, el televisor está bastante fuerte, no sé cómo no se rompen los oídos mis amigos entre sus propios gritos y la televisión.

La verdad es que me encontraba bastante bien en la fiesta, curiosamente es en mi apartamento, pero cuando he visto que Julián, medio borracho, se ha acercado a Sofía, que estaba tumbada en el sofá, y la ha besado inclinándose, a la vez que sostenía una botella de whisky en la mano derecha y todos les aclamaban, he empezado a deprimirme.

Hará ya como dos años que estoy solo y no es por no tener ganas de estar con alguien o que no me haya gustado nadie… Es más bien que nadie se ha fijado en mí. Ni en la universidad, ni en el supermercado, ni en el bar en el que siempre quedamos todos para ser uno de los dos únicos hombres que no se coge una cerveza. Empiezo a verme a mí mismo ya como un espectro o más bien como una máquina de una fábrica, ignorado mientras haga sus funciones, no despreciado, pero tampoco observado.

Julián y Sofía se tienen uno al otro. Juan tiene a su novia Laura, Pepe está solo porque tampoco es que quiera tener una pareja,  Sara hasta hace dos semanas estaba con ese tal Marcos, al que nunca conocimos, y ahora me parece que ya encontró a otro y por eso ha venido tan tarde, y yo, nada… en tanto tiempo, nada…

Se me empiezan a caer los párpados, pero Juan aparece y me pregunta si ya estoy mejor, antes les mentí diciendo que tenía dolor de cabeza para estar un rato solo. Le hago que sí con la cabeza y me levanto rascándomela. Se pone las manos en los bolsillos y me pregunta que cómo es que ya no soy un “cubito” con el frío que hace, le respondo que porque soy “supercaliente” y se pone a reír.

Nos movemos hacia dentro de la casa, pero de repente empezamos a oir las campanadas.

-Rápido, Sofía ya ha preparado las uvas.

-Espera.

-¿Qué?

-Feliz año nuevo.

Año nuevo

Odio llevar este uniforme con una etiqueta con mi nombre, me hace sentir… ¿Etiquetado?  Preferiría trabajar en un bar o un restaurante en vez de en un supermercado, al menos a allí no vamos “etiquetados”.  Y pensar que era malo con las matemáticas… ahora mismo te calculo lo que vale un kilogramo de pollo en medio segundo y le sumo dos coca-colas en otro medio. También otra cosa que no me termina de gustar es que soy el único hombre que trabaja de dependiente, todo lo demás son mujeres y a veces se paran en medio del pasillo y se ponen a hablar de manicura, bolsos, eso de “sálvame” de no sé qué... pudriendo mis oídos y mi cerebro.

Sólo me siento un poco más reconfortado cuando debo ir a hacer un pedido al almacén que hay detrás  y puedo hablar con los mozos de almacén unos cuatro o cinco minutos, no mucho más porque debo volver a mi sitio de trabajo.

Si vienes al supermercado me podrás encontrar atendiendo en la caja o en las zonas de electrodomésticos y electrónica. Otra cosa que odiaba de este trabajo, pero ahora ya solo me aburre porque voy cogiendo el truco, es cuando las mujeres me preguntaban sobre alguna función en concreto de los electrodomésticos y me sonaba a chino mandarino.

Posdata: Mi microondas es de un minuto café, dos minutos calentar sobras, quince minutos y más potencia hacer comida rápida, mi lavadora es tocar dos botones y pedirle a la suerte que la ropa no se encoja o que no cambie de color por arte de magia y mi horno, dios… mama, te añoro.

Suelo trabajar cinco horas, de tres de la tarde a ocho de la noche, pero ahora que estoy en vacaciones en la universidad, el jefe me ha cogido del cuello y me ha cambiado el horario a mañanas, hasta el día nueve que vuelvo a clases.

Ah, esa aún no la he dicho, mi jefe es un tío que si lo definiera en la televisión americana no pararían de censurar lo que digo.  Estoy trabajando hasta en fiestas, lo haga bien o mal siempre pone pegas a todo, me va llamando chaval por los pasillos, cómo odio esa palabra…  Me hace sentir que pierdo la mayoría de edad que tantos años he ansiado conseguir para ser autosuficiente y encontrarme con este caos de vida.

Bueno, mientras me hacía esta reflexión, estaba haciendo lo que os decía, calcular un pollo, dos coca-colas y varias cosas más a la vez que van pasando por mis manos. La verdad es que con trabajos tan monótonos empiezas a tener mucha memoria, pero empiezas por no saber nada de lo que haces, simplemente cumples lo que tienes que hacer, hablas con quien tienes que hablar y sonríes porque tienes que sonreír (aparece el jefe).

Antonia dice por los altavoces cuatro o cinco cosas que no son muy ciertas, porque los huevos me parecen iguales hoy que anteayer, y los ordenadores Asus, aunque tengan un quince por ciento de descuento, me siguen pareciendo caros. Pero, bueno, eso me recuerda que Antonia se pone a hablar con su voz rompeoídos, cada veinticinco minutos, que sólo falta una hora para salir de este antro.

En este rato hago poca cosa: atender a unas diez personas, arreglar estanterías, volver al almacén a decir que los Asus sigues vivitos mientras que los Toshiba empiezan a escasear, aunque claro, también aguantan el golpe de las compras. Sí, soy muy irónico, y me encanta, sigo… vuelvo a los pasillos del super voy pasando rápido para no ver si algo está fuera de sitio, pero sin querer lo veo y me toca ponerlo bien, para volver otra vez a caja tan rápido como puedo porque ya hay demasiada gente esperando.

Tras todo esto pasan cinco minutos de la hora en que puedo ir ya a los vestidores a ponerme  mi ropa. Creo que esta sensación es la mejor de mi trabajo, terminarlo.

Una vez estoy fuera del supermercado tampoco tengo que hacer algo demasiado agradable, debo andar veinte minutos hasta llegar a la estación de autobús y después otros treinta minutos dentro del autobús para estar un palmo más cerca de casa, pero aún debo andar una distancia parecida a la anterior.

Cuando entro en mi bloque de pisos, cojo el ascensor y entro en casa para ir a dejar la cartera encima de la mesa y me desplomo en el sofá. Alargo mi mano hacia el brazo del sofá y recojo el mando de la televisión para pulsar el botón  rojo. Se abre la tele y me empiezo a atontar con su imagen y sonido.

Un rato después mis tripas se vuelven una manada de leones y decido ir a prepararme algo de comer para transformarlas en simples tripas. Voy a la nevera, la abro y veo que no hay nada que me apetezca así que decido mirar en el pequeño congelador.

¿Por qué tengo cerveza congelada? ¿M… Whisky?, esto es más normal. Qué bien, ¡Patatas para freír! Saco las patatas del congelador y las dejo sobre la encimera para después ir al cajón donde tengo la sal, azúcar, aceite y otras cosas, y me deprimo al ver que no tengo aceite para freírlas. ¿Se podrán freír sin aceite? No, mejor me abstengo de mis locuras de momentos oportunos del día. Me tocará comer el arroz con tomate que hay en la nevera, no es que no me guste, pero no me apetece. Vuelvo a dejar las patatas en el congelador y pongo el arroz en el microondas a dos minutos. Seis minutos después vuelvo del comedor donde me había quedado embobado haciendo zapping en un canal infantil.

Me lo como todo y dejo el plato en el lavavajillas, y me vuelvo al comedor para volver a lanzarme en el sofá. Entre concursos, programas de economía y gente que discute superando el volumen que tengo puesto en la televisión me decido por un telediario de los que parecen poco engañosos. En algún lugar del mundo del cual a los dos segundos no recuerdo el nombre ha habido una atentado suicida a un hospital por una negligencia médica de hace unos años; en la misma España se habla  de prohibir el alcohol, pero eso ya llevan diciéndolo hace dos años y nada de nada.Todo es espectacularmente aburrido y lo que no lo es no es agradable.  Creo que me pasaré a la cerveza, al menos así si hago mala cara es culpa del gusto. En unas pocas horas, dos aproximadamente, me iré al bar para estar con mis amigos, a beber y hablar un rato.

El televisor sigue abierto durante muchísimo rato sin callar, peor que un crio de instituto que debe contar su vida y la de todo el mundo en medio de la clase, hasta tal punto que se me empiezan a caer los ojos necesitados de recuperar las horas de sueño del día anterior. Al final  se me terminan de cerrar los ojos y me duermo un buen rato mientras sueño cosas que hace tiempo no me doy el gusto…

Mie… Mierda, me he dormido demasiado tiempo, mejor me voy rápido hacia el bar que si no todos me matan. Me pongo bien la ropa, me voy al baño, me arreglo el cabello y ahora que ya parezco mínimamente presentable me pongo el abrigo, cojo las llaves y me voy por la puerta. La calle no está nada tranquila, es un televisor tras otro unido con obras, con el ruido de los coches y niños haciendo skate que entorpecen  mi paso y el de muchos otros. Tras salir de ese tornado acústico y de tropezones entro al bar esperando ver a todo el mundo en la mesa de siempre, con las sillas de siempre puestas del mismo modo que siempre, esta vez no es igual, esta vez la mesa está vacía.

Bueno, creo que… no, no creo, me tocará esperar o irme y como no estoy para que se me lancen encima como unas fieras prefiero esperar un rato por si acaso. Pero igualmente es extraño, debería hacer un buen rato que estuvieran aquí y no han aparecido, puede que la borrachera les haya pasado una buena factura. Aun así espero que vengan, no es agradable quedarse esperando como un tonto cuando podría hacer cosas más productivas como, por ejemplo, dormir.

Cojo una servilleta y empiezo a hacer un pajarito, ni me acuerdo como se llama esta manualidad, solo sé que me sale bastante bien sin mirar, lo que hace el aburrimiento…

Pero pronto se me va el aburrimiento algo… perdón, alguien entra por la puerta, una figura que no puedo describir con palabras. Lo más extraño es que viene hacia mi.Su cabello es de un tono dorado, sus ojos son un par pedazos de lapislázuli, su piel parece harina, pero sus mejillas destacan por su rubor, sus senos, discretos, marcan una bonita diferencia con la barriga,  y estas con la cadera y con las piernas. Si ayer la hubiera visto seguramente me hubiera sentido peor por dar una cara tan bella a mis fantasías.

Una vez llega ante mí me pregunta si está ocupado el sitio, que ha venido porque ha quedado con un compañero del trabajo y por el momento no aparece.

-Perdona, ¿está ocupado?

-M… No, no, creo que me han dejado colgado, je, je.

-Creo que a mi también…

-¿Ah sí? ¿Quién?-tocando con la mano la silla para indicarle que se siente.

-Un compañero del trabajo con el que quede a tomar algo. Hará como un mes que va detrás de mí  para tomar algo y nada, ahora no aparece.

-M… ¿Sombra y descuidado?

-¿Cómo?

-Déjalo, déjalo, je je, una expresión mía para señalar a los que son muy pesados y al final no hacen nada.- ¡Que voz que tiene, que agradable!

-Ah, ya, ya, yo a ese le llamo Agustín.

-ja, ja, ja, ja.

-¿Y a ti quien te ha dejado plantado?

-Mis amigos, ayer hicimos una fiesta en mi casa y ahora supongo que estarán en la cama o con una resaca tremenda.

-Ug, ¿bebéis mucho, no?

-Yo la verdad es que en momentos puntuales sí, pero no suele ser costumbre.

-Ah, Ok. Y bueno… ¿Cómo te llamas? je, je , yo soy Irene.

-Oh, si, perdona, eh… soy Alex. Encantado.

-Igualmente-con una pequeña sonrisa. Es tan dulce…

-¿Estudias o trabajas?-le pregunto.

-Estudio veterinaria, ¿y tú?

-Yo estudio para ser Antropólogo, pero más que estudiar, trabajo en un supermercado.

-¿Ah sí? ¿En cual trabajas?

-En el “Eroski”

-Eso se me queda lejos de mi casa, je, je

Desvió un momento la mirada y me doy cuenta de que el barman nos mira de reojo esperando que tomemos algo, y veo una buena oportunidad para quitarle el enfado al barman e invitarla a algo.

-¿Qué dónde vives?

-En la plaza del capitán.

-ja, ja, ja-le suelto una carcajada.

-Hey, ¿quieres tomar algo?

-M… Vale.

Levanto el brazo para llamar a un camarero y cuando me ven los vuelvo a bajar y los cruzo sin tensión. El camarero tarda poco en llegar a la mesa y se descuelga del bolsillo de pecho de su camisa negra un pequeño bloc de notas donde se apunta los pedidos.

-¿Qué quieren?-dice el camarero.

-Yo una Coca-Cola, ¿Y tú, Irene?

-Yo quiero una cerveza sin alcohol.

-De acuerdo, ahora se lo traigo.

El camarero entra un momento adentro y pronto vuelve a salir con lo que hemos pedido. Su cerveza se la da directamente de la lata, y mi coca-cola la pone en un vaso que lleva dos cubitos de hielo y un trocito de limón.

-Gracias-le digo mientras cojo mi bebida.

-¿Y tú de qué trabajas, que no me lo has dicho?

-Bueno, más que trabajo, creo que mejor digo prácticas, en una clínica canina.

-Oh, bien. A mi me gustan mucho los animales, de niño tenia una perrita que siempre que podía se me ponía entre las piernas para que la acariciara, además de meter el hocico por todos lados je, je..

-Pues yo ahora tengo un gato y los primeros días que venía de las prácticas se ponía muy nervioso, se volvió arisco unos días, pero después volvió a la normalidad.

Nos quedamos hablando un rato más, cada vez nos caemos mejor, y notamos que algo nos engancha a hablar más y más, sin dejar de escuchar y platicar. Tardamos como dos horas terminarnos las bebidas y nadie llega, pero hasta que miramos el reloj ni nos damos cuenta de que han pasado tantas horas. Al final, cansados de moldear el trasero en esas sillas de madera decidimos levantarnos, pagar e irnos a dar una vuelta. El Sol se ha empezado a poner para el primer día del año, y así lo hará todos los días próximos del resto del año pero… pero hoy, este día uno de enero estoy contento, con fuerzas, si todos los días fueran así nada me sentaría mal.

-Me tendría que ir ya a casa-dicen sus dulces palabras desanimándome.

-Mm… ¿Me das tu número y nos vemos algún día?

-Lo siento, no me lo sé de memoria.

-Ah, ok-bajando algo la cabeza.

-Pero si me das el tuyo te llamaré.

Subo la cabeza y con algo de nervio, y emoción a la vez, le empiezo a decir mi número.

-Sí, ¡Sí! –ella un pequeño papel del bolsillo y un bolígrafo- Mi número es 648670582, cuando quieras llámame.

-De acuerdo, muchas gracias.-girando un poco el cuerpo hacia los lados- Ya nos veremos, me has caído muy bien.

-Muchas gracias, y tu a mi también. Bueno, adiós, que vaya bien mañana.

-Igualmente. ¡Chao!

Finalmente yo me voy por una calle hacia mi casa y ella hacia otra, también suponiendo que es en dirección a su casa. Hasta llegar a casa y ducharme, solo la tengo a ella hablando y hablando, enseñándome sus bonitos ojos, su largo cabello, su fina cara… Creo que si más no, como mínimo he empezado bien el primer día del año. Pero creo que fallan aún muchas cosas, deberé intentar arreglarlas, como por ejemplo debo encontrar un nuevo modo de

escaquearme  de organizar las estanterías del supermercado o subir las notas. Pero ahora qué más da, lo suyo es que ha sido un buen día y mañana debo lograr que siga siéndolo.

José Zorrilla y Mariano José de Larra

Mariano José de Larra

Mariano José de Larra fue un escritor, periodista y politico del siglo XIX de estilo romantico. Escribe bajo los seudónimos FígaroDuendeBachiller y El pobrecito hablador

Algunas de sus obras son:

Al esposo de doña Mariquita Zavala

Siempre ha gemido la prensa

Por qué, mariposilla

Repentino a un clavel improvisado

José Zorrilla

 

José Zorrilla fue un escritor del movimiento romantico que nació el 1817 i murió al 1893.  Sus escritos son de generos variados, desde Lirica a  Épica y Poesia dramatida.

Algunas de sus obras son:

El Romanticismo español.

Ecos de las montañas

Powerpoint

Historia de una escalera

La novela "Historia de una escalera" relata las vidas y los problemas de los miembros de un vecindario durante 30 años después de la postguerra, en el Franquismo. 

La posguerra española es el periodo que sigue a una guerra civil española causada por el golpe de estado de Francisco Franco que lo llevo a ser el dictador de España. Esta epoca tiene una gran decadencia donde la libertad de expresión queda muy cortada y por eso los artistas deben buscar formas de que sus canciones y obras salgan a la luz sin que sean prohibidas.

 

El teatro social es ese tipo de teatro que ademas de hacer avanzar la obra de forma natural también une a los espectadores volviendolos también participes de la obra.

Cortometraje

Malo, bueno y extraño.

Bueno, di debo decir  mis peores momentos del año... son claramente cuando me dan exámenes catastróficos, por ejemplo en estos días. Ha sido un curso con sus momentos extraños, sus momentos malos y los buenos, pero sin duda personalmente los peores son esos. Algún momento entraño… la clase en el vestíbulo gritando como animales, ¿creéis que sirve? O cuando lucia entra en clase diciendo que nosotros somos los que debemos ir a la universidad, la “elite” y lo pongo entre comillas por que se claramente (y lo prefiero) que llevamos un nivel mucho menor del que deberíamos.  Y momentos… buenos… Día uno; reencuentro con los amigos, momento de apogeo; cuando gane los dos premios y por último, mezclado con una clara tensión por las notas… ahora que cada vez las vacaciones están más cerca.

RedBull

Bello Dulce Ser

Bello dulce ser.

Veo caer tu cuerpo sobre mi piel,

eres dulce como la miel,

así curando mi enfermedad,

así quitándome la soledad.

 

Bello, dulce, bello, dulce ser,

Por favor acepta mi proponer:

Vayamos juntos al infinito,

no lleguemos nunca al olvido.

Seamos estrellas observando la marea,

Subamos aviones, buscando nuevas tierras.

 

Juntos barreremos todas las fronteras,

Solos nos buscaremos como agua y tierra.

Si me aceptas serás mi vida y mi compañera,

de vuelos y de noches de amor llenas,

Serás el Sol que me ilumina al final de esta condena.

Un pequeño reportaje...